Me apetecía que quedara grabada para siempre en mi blog una reflexión personal sobre la situación actual que estamos viviendo, aunque no os vaya a hablar de DALAL,  tiene mucho que ver con los valores que perseguimos y practicamos en todos nuestros proyectos y necesito compartir con vosotr@s algo que me sale de dentro…

Esta mañana mi hijo Jorge, de 20 años y con discapacidad intelectual y con una enfermedad rara, me ha sorprendido con esta pregunta después de más de mes y medio confinados por el Covid19 (ya que nosotros empezamos una semana antes por su condición de riesgo por su enfermedad):

«¿Mama y cuando salgamos de casa “de verdad” todo va a estar normal?» (¿“de verdad” Jorge? “Si mama, cuando salgamos “del todo” mama, a comprar, al cine, a ver a los abuelos, no solo a pasear…”) ¿y me ha hecho reflexionar…NORMAL, que es normal? (Como decía sabiamente mi admirado Javier Fesser, director de Campeones: “la normalidad está sobre valorada”)

Cuantas veces me ha surgido esta pregunta reflexionando sobre la discapacidad… ¿Pero hoy me surge desde la sociedad: ¿¿Éramos una “sociedad normal” antes del Coronavirus??

Nuestra percepción de la normalidad se forja en base a experiencias vividas, normas impuestas, modelos perfectos a imitar, rutinas adquiridas, hábitos repetidos, influencias externas, mensajes subliminales recibidos, obligaciones sociales, compromisos innecesarios…pero, ¿y si esa no fuera la verdadera normalidad?

¿La normalidad es la hipocresía, la falta de empatía, la lucha a costa de lo que sea por el poder, el consumismo masivo y enfermizo, la falsedad, el odio a lo diferente, el rechazo a lo llamado “inferior”, las prisas sin freno, la falta de tiempo para dedicar a los tuyos, el desinterés por el de al lado, la desigualdad de las “normalidades”: para unos vivir en condiciones infrahumanas y para otros en mansiones, para un@s rebuscar comida en los contenedores y para otros gastar 600€ en una cena, las compras compulsivas de productos contaminantes que fomentan el empleo precario y destruyen el planeta, no valorar a nuestr@s profesionales, no escuchar la opinión del otro, el fomentar la invisibilidad de lo que no nos interesa, el no pararnos a observar, presumir de vidas de mentira en redes sociales, el criticar desde el sillón sin hacer nada… ¿¿esa es la NORMALIDAD?? ¿¿Seguro??

¿O por el contrario son algunas de las sensaciones y vivencias que hemos experimentado en estos, para algunos, largos días? La solidaridad ofreciéndonos a colaborar, el deseo de ayudar, la empatía y ponerse en lugar del otro, valorar a l@s demás por su trabajo independientemente del grado, estudios, color o ideología, compartir el sufrimiento de tod@s, considerar al mundo uno solo, sentirnos de aquí y de allá, el amor por el planeta, la naturaleza y sus habitantes que nos han sorprendido curiosos en las ciudades, poner en valor nuestros productos nacionales, la sensación de unidad, de que el mundo es uno…de todos a una “como en fuente ovejuna”!, pasar a la acción dejando atrás el miedo, anhelar abrazos que antes pasaban inadvertidos, disfrutar con pequeños detalles, deleitarse solo con un rayo de sol, la felicidad de un “simple” paseo, esas tardes interminables disfrutando de tus hij@s, esa paz en el hogar sin horarios, esos conciertos solidarios…

¡¡Camarero (ayudando a nuestros hosteleros 😉, esa es otra!) me pido una de “normalidad” con todo en su justa medida!! Que se mantengan esos buenos hábitos y buenos sentimientos que hemos recuperado en esta pandemia. Que, pese a que este virus nos ha dejado mucha desgracia, mucho sufrimiento, noches de insomnio y se han ido seres queridos, amig@s e ilusiones, también ha tenido una parte positiva y, si sabemos verla, muy grande!!

No abandonemos ahora todo eso que hemos experimentado, ese respeto y admiración por todas las profesiones, esa fragilidad que hemos sentido, esa inseguridad que nos pone alerta, esas emociones a flor de piel, esa sensación de que no somos invencibles, de que si nos tose el mundo nos hunde!! Esa humildad que hemos desenterrado, esa colaboración y trabajo en equipo tan necesario, ese resurgir de nuestra industria que ha demostrado que es quien ha salvado esta pandemia, ese respeto por nuestro planeta, por su naturaleza y los seres que la habitan que nos han dado lecciones…

Por favor, por favor, por favor…no lo olvidemos!!!!! Hagamos que esto haya servido para algo, que se quede grabado para siempre en nuestros corazones, que ya no seamos los mismos de antes. Ojalá…ojalá este cambio se mantenga, y ahora, cuando miremos más allá de nuestro balcón solo veamos personas, independientemente de su color, ideología, condición o procedencia, ojalá solo veamos fines solidarios, solo veamos respeto, solo veamos inclusión y no exclusión, solo veamos paciencia, humanidad, ojalá solo veamos naturaleza y la respetemos, ojalá nuestros ideales vayan mucho más allá de un coche último modelo, de ese móvil de última generación, de aparentar con ese vestido de marca sin investigar su procedencia y olvidemos el gastar por gastar, tirar por tirar, hablar por hablar, criticar por criticar, herir por herir, humillar por humillar…

Cuantos valores hemos recuperado de los que no éramos conscientes…todavía estamos a tiempo de seguir creyendo en el ser humano, la vida nos ha dado una oportunidad de oro, no la desaprovechemos…

Yo, de momento, ya tengo claro cuál será mi “Normalidad” … ¿y tú?